Mis emociones estaban altas, pensando en lo que acababa de suceder un sábado por la noche en las oficinas de una pequeña iglesia Bautista. En un cuarto convertido en un estudio, acababa de terminar una grabación, la cual se iba a escuchar el domingo por la mañana.
Esto es algo que yo hacía todos los sábados, grabar el programa de la iglesia con el Pastor. Pero, este sábado en particular, el pastor no estaba y teníamos a un invitado especial; un hombre que había sido conocido en el mundo de la mafia como, Johnny Mafia (no su verdadero nombre), un hispano que creció y vivió en Nueva York en ese oscuro y cruel mundo. Su trabajo, era matar por contrato a personas que se le asignaba.
Es una historia larga y no recuerdo los detalles, lo que se, es que, este hombre, terminó en la cárcel y estaba sentenciado a cadena perpetua por haber matado a otro hombre. Me tocó a mi entrevistarlo por media hora. Poco sabía yo que esta experiencia iba a enseñarme una de las lecciones más valiosas de mi vida.
Johnny compartió como en la cárcel, después de una vida en ese mundo de la mafia, había conocido a Jesús y como milagrosamente recibió el perdón por las autoridades y fue puesto en libertad, algo tan impresionante como tan ilógico a la mente humana. El dedicó su vida a compartir en las cárceles y por toda la nación del cambio que había experimentado detrás de las rejas. Una historia conmovedora del perdón de Jesús y la fidelidad de su madre que había orado por su salvación por más de 20 años.
Mientras él compartía y yo le hacía preguntas, no podía quitar mis ojos de las cicatrices que tenía en sus brazos y su cara; huellas de tantas peleas que tuvo y las veces que le dispararon y le apuñalaron. Yo estaba totalmente impresionado por este hombre, que estaba frente a mi y me sentía un poco intimidado, aunque no quería mostrarlo.
Esa noche, yo iba en camino a casa, después de la grabación, pensando en todo lo que acababa de ver y escuchar. Iba completamente inundado de emoción y hablando con el Señor; porque había sentido Su presencia y Su amor a través de Johnny Mafia.
Yo tenía más de 10 años de caminar con Dios, sirviéndole con todo mi corazón en esta pequeña iglesia. Pensaba cómo en mi juventud no tomé licor o fumé o dije malas palabras; iba a la iglesia seguido y me mantuve “puro”. No tenía novia, ni andaba haciendo cosas incorrectas con mis amigos y cuando ellos hacían algo malo, yo me separaba de ellos. Yo me consideraba un modelo de muchacho y me sentía orgulloso de mi mismo. Mi vida pasó por mi mente como una película, especialmente cuando me hice una promesa, de que no iba a ser como mi padre, que había sido esclavo del licor y las fiestas y le había dado una vida muy dura a mi madre y a nosotros los hijos.
Ahora de regreso a casa, solo en mi carro, le hablaba al Señor en mis pensamientos, creyendo que no me escuchaba, yo le decía, Me hubiera gustado tener una vida tan mala como la de Johnny Mafia para compartir a multitudes del “gran cambio” que Dios había hecho en mi vida. Le decía al Señor. Mi vida, de acuerdo a mi perspectiva, no había tenido ningún cambio. Me consideraba “bueno” antes de Cristo y “bueno” después de Cristo. Sentí en ese preciso momento, como Dios interrumpió mis pensamientos como cuando alguien prende una luz en la oscuridad, y me dijo “Víctor, con todo lo bueno que dices que fuiste, ibas a parar con todos los ladrones, los borrachos y los asesinos como Johnny Mafia e ibas a parar al mismo infierno con todos ellos” Inmediatamente Dios me llevó a Su Palabra la cual había leído antes, pero ahora se estaba grabando en mi corazón como cuando alguien le pone el sello final al asunto, “Si bien todos nosotros somos como suciedad, y todas nuestras justicias como trapo de inmundicia; y caímos todos nosotros como la hoja, y nuestras maldades nos llevaron como viento.” (Isaías 64:6)
En ese momento, entendí el amor de Dios como nunca antes lo había sentido. Inmediatamente, le pedí perdón a Dios por los comentarios que había hecho. Lágrimas empezaron a rodar de mis ojos y empecé a darle gracias a Dios por el sacrificio que había hecho por mi. Por fin entendí, que todo es acerca del sacrificio que Su Hijo que hizo en la cruz por mi, y por toda la humanidad. Comprendí que solamente por su sangre derramada en el madero, podía gozar de una relación con el Padre. Comprendí que todo esfuerzo humano (como el mío) por muy bien intencionado que fuese, se quedaba muy corto ante Él. El precio por nuestro perdón, era imposible pagarlo siendo “bueno” o “santo”. Dios mismo tubo que intervenir porque nuestro propio sacrificio no era suficiente. La Palabra de Dios lo pone enfáticamente que sin la gracia (dádiva) de Dios es imposible ser salvo de nuestros pecados, y si no recibimos Su perdón a través de Cristo. Estamos condenados a morir eternamente.
Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; no por obras, para que nadie se gloríe. Efesios 2:8-9
Yo estoy eternamente agradecido con Dios, por abrir mis ojos y verme como era antes de conocerle, un pecador con la necesidad de la sangre de Jesús para perdón de mis pecados igual que la persona mas mala que exista en la tierra... como un Johnny Mafia. No es por lo bueno que creemos que somos, o que tan malos hayamos sido, sin la sangre de Jesús y el perdón de nuestros pecados, todos igualmente, estamos condenados a una separación eterna con Dios. Te invito a que le conozcas.
Inicio
Biografia
Biography
CD
Novela
Poema del Mes
Reflexiones
Devocionales
Articulo del Mes
Escríbenos
¿Conoces a Jesús?
Inspiraciones © 1997 -2008 - Digna González - Todos los derechos reservados - Diseñado por Inspira Web
E s m á s q u e p a l a b r a s . . . e s i n s p i r a c i ó n
|
NO LO SUFICIENTE BUENO Por Víctor González |