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18 de junio, 2010—Don Ritchie vive al otro lado del lugar más famoso en Australia para suicidarse: un precipicio llamado, “El Hueco” (The Gap). Cada semana ahí, una persona salta a su muerte. Mientras la mayoría de la gente se movería de un lugar tan aburrido, Ritchie y su esposa Moya ven sus vidas como una bendición: “Yo pienso”, dice Ritchie, ¿No es tan maravilloso que vivimos aquí y podemos ayudar a la gente?”
    A través de su residencia ahí por más de 50 años, Ritchie y Moya han salvado un estimado de 160 personas de suicidio. ¿Cómo lo hacen? Es simple, realmente. Cada mañana, Ritchie se despierta y mira por la ventana por alguna persona que esté sola cerca del precipicio. Si él ve a alguien que parece estar inquieto y listo para saltar, él camina donde está la persona y comienza una conversación. “Yo les estoy ofreciendo una alternativa, realmente,” dice él. “Siempre actúo en una manera amigable. Yo sonrío.” Y para un hombre humilde de 84 años batallando cáncer, Ritchie seguro que sabe el valor de estar vivo  

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